domingo, 28 de febrero de 2010

El que quiera oír que oiga, el que quiera seguir que siga

(En respuesta a El “Ciudadano” de Luján y su nota “Rosso te denuncia si pedís seguridad, pero te premia si hablas mal de Curtarsa”)

La palabra cipayo se remonta al sometimiento efectuado por el Reino Unido en la India. Allí, el nativo, era reclutado por el invasor y luchaba en detrimento de su pueblo. A pesar del tiempo transcurrido, y en plena postmodernidad, estos peculiares personajes siguen existiendo. En el periodismo, los ejemplos abundan y los ciudadanos de Luján (Los verdaderos ciudadanos y no los que se jactan de serlo) tenemos la desgracia de tener que lidiar con uno de estos personajes a diario.
Sabiendo que las críticas luego caerían sobre mi persona, pero plenamente convencido de que era lo correcto, respondí a un artículo del circular denominado “El Ciudadano de Luján”. La nota, titulada “Bailando por un voto”: y dicen ser ambientalistas” publicada por lo que vendría a ser el paladín del periodismo local, representaba un ataque a los ambientalistas que desde hace 15 años luchan por un medio ambiente mejor, una burla a los trabajadores que dan la vida de la manera más injusta para poder comer y una falta de respeto total a los vecinos que han muerto con cáncer, a los enfermos y a los familiares de estos.
Como era de esperarse, sin conocer absolutamente nada de mi historia personal y guiándose por unas fotos de actividades militantes y algún que otro comentario, tuve la grata suerte de aparecer en las páginas de “El Ciudadano”. En la nota “Rosso te denuncia si pedís seguridad, pero te premia si hablas mal de Curtarsa” este señor, porque vamos a decir las cosas como son, no se trata de un medio periodístico serio sino de una sola persona, me ataca por varios motivos.
No me interesa defenderme demasiado por las mentiras que se dicen allí, la gente que me conoce sabe quien soy y los que no, algo saben de quién escribe en ese periódico, y por ende, están acostumbrados a desconfiar de todo lo que publica.
Sin embargo, me gustaría aclarar algunas de las tantas barbaridades que se dicen al respecto de la “supuesta contaminación ambiental”.

En primer lugar quisiera saber cuales son las “demás empresas que se encuentran en la mismos situación” en el partido de Luján. Tengo un listado de los emprendimientos radicados en el parque industrial Flándria donde se detalla la actividad que realiza cada una y su categoría. Allí uno puede ver claramente que no existen esas otras fábricas que contaminan en la misma gravedad que la curtiembre.
Lo que el ciudadano llama “MANTENER ESA FUENTE DE TRABAJO” significa especular con la salud de toda la población y sobre todo de los trabajadores, que son los primeros damnificados. Debo reiterar que averigüe, señor “Ciudadano”, el origen de cada trabajador y a que se debe el irregular reparto. En ningún momento se hablo de perjudicar a los empleados y una factible relocalización de la industria generaría más puestos laborales que los actuales. Los trabajadores se merecen un trabajo digno, pero eso a usted no le interesa. Minimizar el problema, como propone en sus líneas, es la mejor manera de ser funcional a los intereses extranjeros que explotan nuestros recursos a costas de nuestro pueblo. La realidad es que usted se sintió dolido por la respuesta que efectué a su nota “Bailando por un voto y dicen ser ambientalistas” en la cual no digo más que puras verdades, donde dejo al descubierto la baja calidad de periodista que es inventando, distorsionando y creando una realidad falsa de un problema que afecta a toda la población de Luján.
Ante el comentario que asevera que nunca me ocupé de otros problemas que tienen que ver con la contaminación de Luján debo decirle que otra vez se equivoca. Puede consultar archivos del programa radial que mantuve durante tres años en FM Asteroides denominado “No puede haber gente sana en un pueblo enfermo” y también a quien era el conductor del programa “La Radio” en FM Líder. Pregunte allí sobre el análisis que realicé a raíz del problema del basural a cielo abierto. Informe que fue repetido por la emisora en varias ocasiones. Ya que tanto le interesa el problema del parque industrial, en esa misma radio hay archivos en los cuales hablo al respecto y si le sigue interesando profundizar los problemas ambientales de Luján y el país, existen testimonios míos sobre la vez que se pensó en volcar desechos cloacales en el barrio Santa Elena, el problema de la planta depuradora del San Bernardo y la ineptitud del municipio al respecto, el conflicto Argentina-Uruguay por la instalación de la Pastera Botnia, diversos informes sobre la problemática minera en la Argentina, Etc. Le recuerdo, que lo primero que debe hacer un periodista antes de hablar es informarse e investigar.
Cuando usted dice que “desde que el hombre es hombre ha afectado al medio ambiente” se equivoca rotundamente. El problema ambiental surge con la consolidación del sistema capitalista luego de la Revolución Industrial y el nuevo orden mundial de dominación, impulsado por quienes dicen ser el primer mundo.
Como a usted tanto le interesa mi militancia lo invito a reflexionar un poco sobre el pensamiento de Juan Domingo Perón. En 1973, el general, mediante lo que se denominó “Plan Mundial de Cooperación” hablaba de la necesidad de hacer una “revolución mental en los hombres” que implique “comprender que el hombre no puede reemplazar a la naturaleza en el mantenimiento del ciclo biológico general; que la tecnología es una arma de doble filo; que el llamado progreso debe tener un límite y que, incluso, tal vez sea necesario renunciar a algunas comodidades que nos ha brindado la civilización; que la naturaleza debe ser restaurada en todo lo posible; que los recursos naturales resultan agotables y, por lo tanto, debe ser cuidados racionalmente utilizados por el hombre”.
Me gustaría aclarar que no asumí al peronismo como identidad política luego del campamento de Formación y Actualización Política, JP hacia el Bicentenario, realizado por la Juventud Peronista de San Juan, como usted insinua. No soy ultrakirchnerista sino PERONISTA. Mi militancia es dentro de la Organización Nacional Peronismo Militante, y entendemos al peronismo como un movimiento Nacional, Popular, Anti-imperialista y anti-oligárquico. Defiendo al gobierno nacional por plena convicción y porque ha recuperado las banderas históricas del peronismo, sobre las cuales ha ejecutado políticas múltiples: Justicia Social, Soberanía Política, Independencia Económica, Nacionalismo Cultural y Unión Latinoamericana.
Seguir retrucando las barbaridades que dice implica ponerme a su altura y eso sería una gran falta profesional a la ética periodística y sobre todo, a mi vocación de militante. Sus mentiras tienen patas cortas y nuestra verdad es fruto del trabajo, la investigación, la perseverancia y sobre todas las cosas, el compromiso. Espero no tener que volver a responderle. Plenamente convencido de mí destino y dispuesto a seguir luchando por la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación, lo invito a reflexionar sobre la peculiar versión que tiene sobre la larga lucha que está librando hoy el pueblo de Luján por una vida más digna. Como dijo el General Perón, “El que quiera oír, que oiga, el que quiera seguir que siga. Alta es mi empresa, y clara es mi divisa. Mi causa, es la causa del pueblo; Mi bandera, es la bandera de la Patria”.

Matías Fernández

viernes, 26 de febrero de 2010

El pensamiento vivo de Juan Domingo Perón

El siguiente es el denominado Plan Mundial de Cooperación, extraido de un mensaje leído en nombre de Perón el 7 de septiembre de 1973, en la IV Conferencia de Países No Alineados, realizada en Argel (Argelia).

1. Son necesarias y urgentes: Una revolución mental en los hombres, especialmente en los dirigentes de los países más altamente industrializados; una modificación de las estructuras sociales y productivas en todo el mundo, en particular en los países de alta tecnología donde rige la economía del mercado, y el surgimiento de una convivencia biológica dentro de la Humanidad y entre la Humanidad y el resto de la Naturaleza.

2. Esa revolución mental implica comprender que el hombre no puede reemplazar a la Naturaleza en el mantenimiento de un adecuado ciclo biológico general; que la tecnología es un arma de doble filo; que el llamado progreso debe tener un límite y que, incluso, tal vez sea necesario renunciar a algunas comodidades que nos ha brindado la civilización; que la naturaleza debe ser restaurada en todo lo posible; que los recursos naturales resultan agotables y, por lo tanto, deben ser cuidados y racionalmente utilizados por el hombre; que el crecimiento de la población debe ser planificado sin preconceptos de ninguna naturaleza; que, por el momento, más importante que planificar el crecimiento de la población, es aumentar la producción y mejorar la distribución de alimentos y la difusión de servicios sociales, como la educación y la asistencia sanitaria, y que la educación y el sano esparcimiento deberán reemplazar el papel protagónico que los bienes y servicios superfluos juegan actualmente.

3. Es preciso reconocer, en forma incuestionable, que cada Nación tiene el derecho al uso soberano de sus propios recursos naturales. Pero, al mismo tiempo, cada Gobierno tiene la obligación de exigir a sus ciudadanos el cuidado y la utilización de los mismos. El derecho a la subsistencia individual impone el deber hacia la supervivencia colectiva, ya se trate de ciudadanos o de pueblos.

4. La modificación de las estructuras sociales y productivas en el mundo implica que el lucro desmesurado y el despilfarro no pueden seguir siendo el motor básico de sociedad alguna y que la Justicia Social debe erigirse en la base de todo sistema, no sólo para beneficio directo de los hombres, sino para aumentar la producción de alimentos y bienes necesarios; consecuentemente, las prioridades de producción de bienes y servicios deben ser alterados en mayor o menor grado, según el país de que se trate.

En otras palabras: necesitamos nuevos modelos de producción, consumo, organización y desarrollo tecnológico que, al mismo tiempo que den prioridad a la satisfacción de las necesidades esenciales del ser humano, racionen el consumo de recursos naturales y disminuyan al mínimo posible la contaminación ambiental.

5. Necesitamos con urgencia el avance de un hombre mentalmente nuevo, que se desenvuelva en un mundo físicamente nuevo. No es posible construir una nueva sociedad basada en el pleno desarrollo de la personalidad humana, en un mundo viciado por la contaminación del ambiente, exhausto por el hambre y la sed, enloquecido por el ruido y el hacinamiento, incitado permanentemente al vicio, las drogas y la violencia. Debemos transformar a las ciudades-cárceles del presente en ciudades-jardines del futuro.

6. El crecimiento de la población debe ser planificado, en lo posible de inmediato, pero a través de métodos que no perjudiquen la salud humana, según las condiciones particulares de cada país. La República Argentina, por ejemplo, no está en dicho caso pues necesita mayor capital humano para su desarrollo integral. Además, esta planificación debe ser realizada en el marco de políticas económicas y sociales globalmente racionales.

7. La lucha contra la contaminación del ambiente y la biosfera, el despilfarro de los recursos naturales, el ruido y el hacinamiento de las ciudades y el crecimiento de la población del Planeta debe iniciarse de inmediato a nivel municipal, nacional e internacional. Estos problemas en el orden internacional deben pasar a la agenda de las negociaciones entre las grandes potencias y a la vida permanente de las Naciones Unidas, con carácter de verdadera prioridad. Este, en su conjunto, nos es un problema más de la humanidad, es el verdadero problema.

8. Todos estos problemas están ligados de manera indisoluble con el de la Justicia Social, el de la Soberanía Política y de la Independencia Económica del Tercer Mundo, y la distensión y la cooperación internacionales. Muchos de estos problemas deberán ser encargados por encima de las diferencias ideológicas que puedan separar a los individuos dentro de sus sociedades o a los Estados dentro de la Comunidad Internacional.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Nos encontró dominados

Mientras el aire acondicionado simula un clima casi invernal, decenas de personas cumplen con su trabajo. Jactándose de pertenecer a una profesión que ilustra un hermoso cuadro de libertad y ética, arremeten contra los intereses del pueblo y de la Nación. Son ellos, jóvenes y viejos que por propia voluntad se han convertido en mercenarios de la tecla. No se trata solo de hacer lo que la empresa les dice, se sienten parte fundamental del medio. Unos pocos cuya conciencia permanece sana están condenados a claudicar. Bajo este clima se gesta el gran diario argentino. Matutino que ha desplazado a los representantes del pueblo para convertirse en la oposición oficial, dentro y fuera del Congreso.

Una historia similar se reproduce en la casa histórica de Mitre: La Nación. Desde allí se ha de venir a juzgar todo intento de pueblada en busca de la definitiva liberación nacional. Ese diario, con férreas raíces unitarias, no perdona cada vez que un hecho le hace recordar la gesta de las Montoneras Federales, el campamento revolucionario de Artigas o las reivindicaciones obreras. Representan históricamente a los intereses de la antipatria y adoran, que después de doscientos años, seamos un país colonial.

Mientras tanto el enemigo histórico, con su lenguaje siniestro, su “adorable” aroma y su soberbia, nos dice que va explotar nuestros recursos y se ríe ante los derechos de soberanía, no solo de la Argentina, sino de los pueblos sometidos de todo el mundo. Inglaterra, luego de dos invasiones, después de un sometimiento económico cultural que todavía perdura y tras una devastadora guerra, mantiene fielmente sus intereses sobre estas tierras.

De repente me veo dentro de una carnicería. Una media res cuelga de un filoso gancho y detrás de un vidrio se exhiben varios de los cortes tradicionales. Una señora, con fuertes raíces populares, por cuya sangre corre la historia del pueblo reprimido, protesta del alto precio de la carne y le dice en un tono crispado al carnicero: “De Cristina, ¡ni me hables!”. Esa señora, que no sabe que los productores agropecuarios fueron los más beneficiados por las medidas de este gobierno, no representa bajo ninguna manera a la oligarquía dueña de la tierra, vive en un pequeño pueblo y cobra una jubilación otorgada por su labor en una industria textil, jubilación, que de más está decir, aumentó como en ningún otro momento de la historia en los últimos seis años. Seguramente ya no recuerda la época en las cuales los jubilados cobraban cuando el gobernante de turno podía y quería pagarles. Esa señora no es ni terrateniente, ni oligarca, ni empresaria, no tiene acciones en la bolsa y menos aún dinero dólares en algún banco suizo, pero defiende los intereses de todos aquellos que se hacen llamar patriotas y son los primeros responsables del vaciamiento vivido en el país durante tantos años.

Cuantas veces escuché a esa izquierda ultra marxista-leninista hablando del enemigo imperialista y del sometimiento que nos ha generado. El imperio siempre ataca, posee intereses muy grandes y busca agentes internos que los ejecuten, (esos a los cuales denomino cipayos) pero no es solo eso. El verdadero problema no son los agentes infiltrados, a esos los descubrimos fácil, el problema real son los Argentinos que se han extranjerizado. No defienden al enemigo por un sueldo o un beneficio sino por plena convicción. Adoran su cultura, su acento y basta con decir que hasta les encanta el olor de sus pedos. Son esos que miran al horizonte y se preguntan por qué no nos parecemos más a Europa. Les hubiera encantado que nuestro colonizador hubiera sido Inglaterra, pero lo que la escuela no les enseño es que así fue. La gran dependencia no la generó España sino que vino desde Londres.

Ya no se trata solo de naciones imperialista que nos atacan, ahora han creado una corporatocracia que maneja las riendas de sus países y de todo el mundo bajo los mismos intereses históricos. No son personas públicas conocidas sino empresas y grandes corporaciones. Controlan la prensa, el comercio y la política. Ponen y sacan presidentes y no les importa que en el extremo sur del mundo todavía haya personas que se mueren de hambre. Mientras tanto recuerdo a la señora de la carnicería y me pregunto ¿Qué tendrá ella que ver con esta gente? ¿Qué tendrá que ver con los mercenarios de la tecla y qué tendrá que ver con los dueños de la tierra? La respuesta es solo una... Ella es el producto en bruto de todos aquellos. Es la joya preciada del establishment económico cuando sale a defenderlo sin un sueldo alguno. Defiende a aquel que la somete y lo más triste es que no lo sabe.

Empresarios, medios, terratenientes y enemigos del pueblo en general se encuentran plenamente unidos y su estrategia lleva más de un siglo de éxito. Mientras tanto, nosotros, el pueblo, nos vemos separados y enfrentados.

Somos la sangre de Murillo, la de Artigas, la de Rosas, la de Dorrego. Somos el pueblo que se levantó e hizo el 17 de octubre, el pueblo sometido y excluido. Somos eso y mucho más, sin embargo seguimos separados por la obra del enemigo y así se cumplió la parte triste de la enseñanza que intentó dejarnos Juan Domingo Perón. El año 2000 nos encontró dominados.

Hoy tenemos una nueva oportunidad. Pasada una generación que dio la vida por un mundo mejor tenemos sobre la mesa inmensidad de errores que no podemos volver a cometer. El desafío es entonces el de unirnos bajo un fraternal abrazo que nos haga verdaderamente libres e independientes.   

Matías Fernández

miércoles, 3 de febrero de 2010

El pensamiento vivo de Juan José Hernández Arregui

“Toda la prensa de Buenos Aires –la gran prensa- está hoy contra el pueblo. Esta prensa poderosa, “democrática” y ruin, tiene por objeto enviciar la verdad, despistar la opinión pública, denigrar a las masas. Lo mismo aconteció en el pasado. Es un deber, no mero sentimiento de justicia, denunciar inexorablemente a los enemigos del país. Ya se ha dicho, al comienzo de este trabajo, que los muertos están vivos. Más esto es necesario probarlo. Vayamos, pues, al grano.

La historia de Mitre tiene su tribuna perpetua en un diario de Buenos Aires: La Nación, dirigido por sus herederos vitalicios. Este diario es el portavoz de los intereses y la mentalidad política de la clase ganadera argentina y sus foraneos. El lenguaje del gran rotativo es magistral, esmerillado, monjeril, ultrapúdico. Es el gorro frigio colonial de la civilización de Occidente, el altar de la cultura europea, el ideal democrático, tal cual lo entiende la oligarquía, en toda su virginidad rota. Ideal democrático –hemos escrito alguna vez- que recuerda a aquellas mujeres ya viejas, que para parecer jóvenes se pintan en exceso, y lo único que consiguen es mostrar las ruinas del tiempo en colores. Nada conmueve su augusto, su impávido y aristocrático lenguaje. Un lenguaje artificioso con metáforas vacías que el lector medio toma por cultura borgiana. Solo un hecho lo saca de este estilo. La presencia del pueblo en la vida del país. Y no sólo del pueblo de hoy, sino del pueblo de ayer. Entonces La Nación pierde la cabeza. Un estremecimiento de horror sagrado recorre las páginas del elefante culto. Y cada vez que un hecho, por nimio que sea, le recuerda la gesta de las montoneras provincianas, le sale al paso con un clamoreo indignado.”

“Nacionalismo y liberación” Juan José Hernández Arregui - 1969

miércoles, 27 de enero de 2010

¡Porque los muertos están vivos!


Cómo ha ocurrido ya en varias ocasiones, una frase que podría haber pasado desapercibida en una de mis lecturas, me abrió el camino a una serie de reflexiones que deseo compartir con ustedes.

En este caso, mi inspiración resultó ser Juan José Hernández Arregui y su libro “Nacionalismo y liberación”. En unas líneas, menciona que mucha gente se pregunta “¿Para que promover la discordia entre los argentinos exhumando hechos superados del pasado? ¿Por qué desterrar a los muertos?”. La respuesta que nos brinda es la que se anticipa en el título: “¡Porque los muertos están vivos!”.

Definitivamente el autor no se equivoca. En mi artículo anterior, mencionaba que mucha gente nos ataca diciendo que el peronismo murió con Perón. Cada vez que alguien nos dice esto, podemos estar seguros de que no conoce nuestra historia. El peronismo no es la causa de un hombre sino la causa de un pueblo y las causas del pueblo nunca mueren salvo cuando son alcanzadas, profundizadas y superadas por él mismo.

Cada día me convenzo más de lo que ha resultado ser la conclusión firme de muchísimos pensadores nacionales. En este país, existen dos clases o grupos sociales firmemente definidos: Pueblo y antipueblo, Patria y la antipatria. Navegando por la incertidumbre, existen argentinos que por desconocer la historia, actúan inconcientemente a veces a favor de unos y a veces a favor de los otros.

Si hablamos de antipueblo y antipatria comencemos por Sarmiento. Creador de la madre de todas las zonceras, según cuenta Arturo Jauretche, nos legó una visión muy particular de la historia. La idea de que existe una población civilizada, buena, honesta y productiva contrapuesta a una barbarie bruta, inútil e innecesaria para el desarrollo del país es un germen que se encuentra en la cabeza de todos los argentinos desde el nacimiento. El agua bendita que arrojan los curas a los católicos al nacer, no libra a los hombres de este horrendo pensamiento.

“El padre del aula”, como le reza su himno, estaba dispuesto a exterminar al pueblo nativo y a traer europeos “civilizados” para forjar una nueva nación. Así es, nuestro prócer nacional odiaba al pueblo. Siempre mirando para el norte del mundo, logró que la historia se escriba en los términos de su zoncera madre. Actualmente Sarmiento vive en las escuelas de la mano de las corporaciones editoriales que reproducen las mentiras de la historia oficial. De este modo, los Argentinos nos criamos con un manual de historia donde Rosas fue un tirano, San Martín un héroe indiscutible, Sarmiento el padre de los niños y los temas de discusión pasan por si Belgrano era o no afeminado.

Muchas veces me pregunto si San Martín fue un luchador de la causa nacional o un vende patria que actuó a conveniencia de Inglaterra. Muchas dudas tengo alrededor de su figura, pero pocos son los historiadores que se animan a escarbar esta historia. Por momentos pareciera que está prohibido.

Nuestros libros nos enseñan lo malo que era el monopolio español en época del Virreinato. Y claro que era malo, pero no para nuestros intereses sino para las pretensiones inglesas. En América el contrabando funcionaba como una barrera proteccionista contra el naciente imperio Británico. No dudo que España haya sido responsable de grandes matanzas. Pero no olvidemos que ellos llegaron a estas tierras para conquistarlas, no estaba en los planes salvar vidas. Con esto no pretendo justificar el accionar del Reino Español pero me pregunto ¿Por que no se enseñan en las escuelas las masacres cometidas en la conquista por Inglaterra y Portugal? La única manera de consolidar el poderío Ingles era demonizando a España, de eso se ocupó muy bien nuestra historia, o mejor dicho, muchos de nuestros historiadores.

Consideremos que nuestros próceres fueron seres humanos. Que cometieron errores, que eran dueños de grandes contradicciones y que muchas veces no tenían tan claro el lugar que ocupaban en la historia. Si hubieran sido tan perfectos como se nos quiere hacer creer ¿por qué hoy todavía padecemos las consecuencias del dominio ingles? ¿Acaso los que les siguieron fueron infectados por el virus de la corrupción y la desquicia y vaciaron el país? Claro que no, los próceres también cometieron errores.

Permítanme por un momento retomar a Hernández Arregui para decirles que “la revisión de la historia es una actividad corrosiva previa a la liberación nacional”. La historia de nuestro pueblo permanece oculta. El primer intento de liberación en la Revolución Altoperuano encabezada por Murillo fue cruelmente aplastado por la burguesa Buenos Aires de 1809. Tiempos después Dorrego sería fusilado, Artigas perseguido, Rosas obligado al exilio, Yrigoyen derrocado y Perón también obligado a irse del país. Estos no son solo nombres. Son partes fundamentales de la historia del pueblo en distintos procesos históricos, pero completamente relacionados. El peronismo fue sin el punto de inflexión máximo del pensamiento nacional y su mayor expresión, pero la antipatria lo derroto.

Hoy nos encontramos ante una nueva etapa de esta lucha. El enemigo es el mismo pero se encuentra disfrazado detrás de una pantalla. El proceso iniciado en el 2003 con la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia a puesto al pueblo nuevamente en el rumbo de la liberación, y si por momentos parecemos derrotados, es porque no hemos alcanzado con plenitud la revisión histórica necesaria. Mucho se dice de lo que pueda pasar en el 2011, permítanme decirles compañeros, que si este modelo se detiene, vamos a tener obligación histórica de profundizarlo. Si, profundizarlo inclusive si nuestra conducción actual pierde el liderazgo político, porque no se trata de la lucha de Néstor o Cristina Kirchner, se trata de la lucha del pueblo y este, cuando se organiza, jamás es derrotado.

Matías Fernández

lunes, 25 de enero de 2010

Quemarse para poder quemar


Decidí tomar este título de una obra de un personaje bastante curioso. Por momentos pienso que es un artista jugando con palabras, pero luego siento que es un delirante. Me refiero a José Pablo Feinmann y más precisamente a su obra “Timote”. En este libro, recrea ficticiamente el diálogo que pudo haber existido entre Pedro Eugenio Aramburu y el tribunal montonero que lo llevó a la muerte, integrado por Mario Firmenich, Carlos Ramus y Fernando Abal Medina. No me interesa analizar la novela para el tema que voy a analizar. Con lo dicho alcanza, solo tomé una frase que el autor imagina en la cabeza de Fernando Abal Medina pero me ocupé de darle mi propio significado.

¿Qué significa entonces quemarse para poder quemar? ¿Dónde nace la necesidad de quemarnos?

Quemarse significa llegar a lo más profundo de uno, conocerse como pocas personas pueden hacerlo, llevar nuestros pensamientos hasta un extremo tal que sintamos que nuestra mente se encuentra plenamente libre pero a su vez a punto de estallar. Quemarse para cuando toquemos algo hacerlo arder, transformarlo para que no pueda volver nunca más a su estado anterior. Aproximadamente, de eso se trata.

Este artículo lo escribo más que nada para los compañeros. Aquellos que no dudamos de que hoy, nuestra responsabilidad como jóvenes, entendiendo el momento histórico, comprendiendo la historia y queriendo ser participes de nuestro futuro, es defender al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Muchos dicen que nuestras ideas son de tiempo pasado y cuantas veces escuchamos decir que el Peronismo murió con Perón. Algo parecido a decir que el Cristianismo murió con Cristo. Dos mil años después su palabra es reciente y tiene devotos en todo el mundo. Nuestra idea política es mucho más moderna y actual, sin embargo, algunos tontos, nos dicen que estamos pasados de moda. En esto se forja la necesidad de quemarnos. Quemarnos para no dudar. Quemarnos para que no temblar en una discusión y que no tengamos que dudar de por qué es que estamos parados aquí. Quemarnos para sentir como el pueblo y saber lo que quiere el pueblo. No lo que quiere la señora de Recoleta o el hombre del country que nos odia por querer a esa “yegua”, sino, lo que quiere ese pueblo que pasó doscientos años postergado de la historia. Que cuando encontró su protagonismo lo perdió en las manos avarientas de la oligarquía, pero que ahora, puede recuperarlo.

Quemarse para poder quemar significa prender fuego el lugar al cual llegamos, ser concientes de lo que pensamos y defenderlo hasta las últimas consecuencias porque eso es en lo que creemos. Si no nos quemamos no podemos realizar esta tarea porque nos sentimos débiles. Tenemos que ser fuertes, no quebrarnos y así solamente vamos a poder seguir en esta lucha. Pero es de gran importancia que no nos quememos solos, tenemos que quemarnos todos juntos porque nuestro sueño es compartido, nuestro sueño no es individual sino colectivo. Es el sueño de la patria grande y feliz. Aceptemos definitivamente nuestro destino y levantemos la bandera que nos dejó Eva, para llevarla como símbolo hasta la victoria.


Matías Fernández

viernes, 15 de enero de 2010

Sobre el enemigo y el cipayismo en la Argentina


¿Qué es el enemigo? Una persona o un grupo que por cuestiones de ideas, pensamientos o acciones se encuentran en nuestro antagonismo. En caso de guerra consideraríamos enemigo al ejército contrario, en caso de epidemia consideraríamos enemigo a un determinado virus, Hitler hizo de los judíos sus enemigos, si nos referimos a la política nacional definimos por enemigo a aquel que se opone a los intereses nacionales. Juan Domingo Perón hablaba al pueblo de la existencia de dos tipos de enemigos: externos e internos.

Los enemigos externos tienen mayor edad que nuestro país. Desde que un Ingles piso estas tierras es que estamos en peligro por parte de estos enemigos. ¡Ay!… si la historia pudiera contar realmente la verdad de aquellos que hay tratado de pisotear durante tantos años nuestra patria. ¡Basta de mentiras! Las escuelas siguen predicando al primer gobierno patrio de 1810 como el primer bastión de la liberación nacional. ¡Oh que gran mentira! Doscientos años pasaron casi desde que la burguesía porteña tomo el poder político que se encontraba en manos de España y todavía nos permitimos mentir al respecto. No tenemos porque avergonzarnos de ese error a principios 1800, nuestros próceres hicieron lo que creyeron. No vamos a echarles la culpa tantos años después, de que la primera medida haya sido establecer el libre comercio, no tiene sentido, pero digamos la verdad. Dice el historiador Salvador Ferla en su libro “Historia Argentina con drama y humor” que “al poco tiempo del 25 de mayo histórico, desde las telas que vestían los argentinos para no morir de frío, hasta las balas con las que se mataba para no envejecer demasiado, eran inglesas.”
Para comienzos de siglo XIX, en existía en nuestras tierras una industria criolla. Vestimenta, ropa, bueyes, carretas, vinos, azúcar y un centenar de productos alimentaban nuestro producto interno y mantenían vivo al interior. Mientras tanto, la ciudad de Buenos Aires (de menor estatura en aquel entonces) vivía del contrabando. Inglaterra, que no había podido tomar Buenos Aires por las armas en 1806 y 1807, decidió volcarse a una captura cultural. Por medio del contrabando ingresaron libros que promovían los ideales liberales de la economía. Práctica que solo iba a beneficiar a ellos que ya estaban industrializados, ósea, ellos mismos (en algún lugar tenían que volcar la súper producción gestada por la Revolución Industrial).

Hasta aquí lo que significa “enemigo externo”. Sin dudas Inglaterra es nuestro enemigo externo número uno. Protagonizaron dos invasiones, nos penetraron culturalmente, se quedaron con nuestros recursos durante muchísimos años y finalmente auspiciaron la Revolución Libertadora para instaurar el antiguo régimen que había sido sacudido por la Revolución Justicialista. A esto sumemos la usurpación de las Islas Malvinas. No me animo afirmar que este país siga siendo nuestro enemigo externo por excelencia pero no tengo dudas de que la lengua que hablen estos, también sea la inglesa.

Ahora veamos a que nos referimos cuando decimos “enemigos internos”. Se trata de aquellos que argumentando patriotismo y amor a la nación son cómplices intelectuales y materiales del enemigo externo. Sus agentes locales.

Para continuar con este análisis me gustaría contarles sobre el término “cipayo”. Palabra española heredada del portugués “sipaio”, era empleada para nombrar a los soldados indios al servicio de Francia, Portugal y Gran Bretaña. Se trata del hombre peleando en beneficio de aquel que lo somete. Actualmente podríamos considerarlo un secuaz a sueldo. (Aunque nuestros cipayos muchas veces no recibieron dinero como prestación de sus servicios sino que actuaron por plena convicción. ¡El término les queda chico!)
En la actualidad contamos aquí, en la Argentina del siglo XXI, con la existencia de los enemigos externos, los internos, y los cipayos.
Como ejemplo de enemigo externo latente, el juez neoyorquino Thomas Griesa embargó recientemente cuentas del Banco Central en la Reserva Federal de Estados Unidos, aprovechando las condiciones creadas por un enemigo interno a la causa nacional: Martín Redrado.

Como el máximo exponente del “cipayismo postmoderno” se encuentra el vicepresidente Julio Cobos. Cipayo que luego de ser expulsado de por vida del radicalismo por adherir al proyecto Nacional y Popular se convirtió en el primer dirigente opositor al gobierno y desde el Senado, proyecta operativos mediáticos en perjuicio de los intereses de la nación. Apoyado por el Grupo Clarín posiblemente sea candidato a presidente. Primera vez en la historia mundial, que un vicepresidente, desea tomar el poder para ejecutar un plan contrario al proyecto que lo llevo al lugar que hoy ocupa.
Pisando el bicentenario procuremos que la historia no pase inadvertida. José María Rosa sostiene que “una sociedad es un cuerpo real y vivo, con raíces que se clavan en el pasado y ramas que se dirigen hacia arriba”. Nuestro pasado y nuestro presente están marcados por grandes traiciones a la causa nacional. El país Justo, Libre y Soberano, inculcado en lo más profundo de nuestros deseos por el General Perón, no podrá ser concretado hasta que nuestros enemigos se deban retirar humillados del campo de batalla. Mientras tanto, entre operativos mediáticos, especulaciones, intereses y cipayos, se seguirá escribiendo la Historia Argentina, la misma Historia Argentina.

Matías Fernández